Medio Oriente y las Fronteras Artificiales: El conflicto Palestino-Israelí (1948)
El trazado arbitrario de fronteras por potencias extranjeras tras la Primera Guerra Mundial sembró las tensiones que estallarían en la guerra de 1948. Casi ocho décadas después, esas líneas siguen definiendo el conflicto.

Foto: archivo editorial
Introducción
El conflicto entre el pueblo palestino y el pueblo de Israel es un foco constante de confrontaciones en la región conocida como Medio Oriente desde hace más un siglo. A raíz de esto, el presente ensayo busca indagar en qué medida las decisiones extranjeras sobre las fronteras de la región han influido en este conflicto que al día de hoy pareciera no tener fin, y que cada cierto tiempo se reaviva cobrándose la vida de miles de inocentes de ambas partes. El objetivo de este ensayo es tratar de establecer una correlación entre las decisiones tomadas por las potencias extranjeras, y el inicio de las hostilidades entre ambos pueblos. Particularmente, el presente trabajo busca comprender el impacto real que ha tenido el acuerdo secreto conocido como SykesPicot de 1916, la Declaración Balfour de 1917, y finalmente la Resolución N° 181 de la Organización de las Naciones Unidas en 1948, la cual da origen al Estado de Israel y marca el inicio de los conflictos antes mencionados.
¿Cómo comenzó todo? Theodore Herzl y el Sionismo
Para analizar este conflicto en contexto, es importante conocer el origen de la idea que llevó a las potencias extranjeras a insistir en la creación de un Estado independiente para los judíos. Según el sitio _My Jewish Learning_ (s.f.), los inicios de esta idea se pueden rastrear hasta Theodore Herzl. Herzl fue un periodista y escritor austríaco, quien en 1896 publicó un folleto llamado “Der Judenstaat” (“El Estado Judío”) en el cual instaló la idea de Sionismo, un movimiento político que aseguraba que el pueblo judío merecía tener una tierra prometida propia en el territorio de Palestina o de Argentina, para luego inclinarse definitivamente por las tierras ubicadas en Asia. Si bien el término “Sion” (sinónimo hebreo para Jerusalén) se le atribuye a otro escritor austríaco, Nathan Birnbaum, fue Herzl quien instaló la idea en las comunidades judío europeas.
Los Primeros Acuerdos: Sykes-Picot y la Declaración Balfour
(1916-1917)
Años más tarde, tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, el Imperio Otomano se alineó con Alemania. Su derrota en 1918 dejó un vacío de poder en Medio Oriente que Gran Bretaña y Francia se dispusieron a ocupar. Para lograrlo, ambas potencias realizaron promesas a distintos actores locales que luego resultarían incompatibles entre sí. Un tiempo antes de la capitulación del Imperio Otomano, Gran Bretaña y Francia firmaron un acuerdo secreto a través del cual se repartieron las tierras otomanas en el Levante mediterráneo en zonas de influencia. Este acuerdo se conoció como Sykes-Picot, debido a sus firmantes Mark Sykes, diplomático británico, y François Georges-Picot, diplomático francés.
De acuerdo con este tratado, Francia administraría Siria y el Líbano, mientras que el Reino Unido controlaría Palestina, Transjordania e Irak. El problema principal fue que los británicos habían propiciado la Rebelión Árabe contra los otomanos en la región, a través de la correspondencia Husayn-McMahon de 1915, prometiendo apoyar la creación de un Estado árabe independiente en la zona. Esto no fue correspondido por el acuerdo Sykes-Picot, el cual sembró las bases para un futuro conflicto, ya que las potencias europeas demostraron su interés colonial en la región, ignorando sus promesas anteriores. Fundamentalmente, este tratado establecía límites territoriales artificiales que servían a los intereses europeos, pero que no tenían en cuenta ni los intereses de las comunidades que allí vivían, sino tampoco la historia de dichas etnias.
El 2 de noviembre de 1917 tiene lugar un hecho histórico. El ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido, Arthur Balfour, envía una carta a Lionel Rothschild, referente del Sionismo británico, en la cual le informa que la corona británica “veía con buenos ojos el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío” (Balfour, 1917). El texto añadía a su vez que no se llevarían a cabo acciones que perjudicaran los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías que ya habitaban el territorio. En resumen, tanto el acuerdo Sykes-Picot, como la Declaración Balfour, realizaron promesas contrapuestas sobre el mismo territorio.
Por su parte, en 1918, el entonces Presidente de los Estados Unidos Woodrow Wilson, propone una serie de catorce puntos iniciales para los acuerdos de paz posteriores a la Primera Guerra Mundial, entre los cuales se destacaba el punto cinco, introduciendo el criterio de autodeterminación de los pueblos para el establecimiento de la soberanía de un territorio. Este criterio solo sería tenido en cuenta en algunos conflictos, no siendo el caso en Palestina.
La Resolución N° 181 de las Naciones Unidas (1947): La Creación del Estado de Israel
Pasada la Segunda Guerra Mundial, y tras los horrores del Holocausto, la comunidad internacional puso sus ojos en la recientemente creada Organización de las Naciones Unidas (ONU), quien tenía a su cargo la responsabilidad de resolver la cuestión judía. El Reino Unido había demostrado ser incapaz en esos años de contener los reiterados brotes de violencia en su Mandato palestino, por lo que dejo en manos de la ONU la resolución de dicho problema. En noviembre de 1947, la Asamblea General aprobó la Resolución N° 181, la cual recomendaba la creación de un Estado judío en el territorio de Palestina. De este modo, dichas tierras se dividían en dos Estados, quedando la ciudad de Jerusalén bajo administración internacional debido a su importancia icónica para las principales religiones convergentes en la región.
La resolución no solo incumplía con las promesas hechas décadas antes a los árabes habitantes de la zona, sino que además ignoraba el criterio antes mencionado de autodeterminación de los pueblos. Tan es así, que el territorio fue repartido de manera arbitraria y poco equitativa: el 55% de territorio sería asignado al Estado de Israel, donde la población judía representaba apenas el 33%, mientras que el 45% restante era asignado al Estado árabe, cuya población representaba el 67% restante de habitantes. La dirigencia sionista aceptó el plan sin miramientos, mientras que la Liga Árabe y el Alto Comité Árabe lo rechazaron de inmediato, declarándole la guerra al nuevo Estado al día siguiente de la Resolución.
La Guerra de la Independencia y la Creación del Estado de Israel (1948)
En febrero de 1948, luego de semanas en posiciones defensivas, las fuerzas sionistas tomaron una actitud ofensiva frente a los ataques árabes. Esto se conoce en el pueblo judío como “Guerra de la Independencia”, mientras que los árabes lo refieren como la “Naqba”, o “catástrofe”. El conflicto, que tuvo como protagonistas a Egipto, Transjordania, Siria, el Líbano, Irak, y el recientemente declarado Estado de Israel, dejó como saldo números que aún hoy son foco de disputas. Más de 700 mil palestinos fueron desplazados de sus tierras. El nuevo Estado de Israel amplió su territorio, ocupando finalmente cerca del 78% del territorio histórico palestino, superando así por un considerable margen lo asignado por la Resolución N° 181 de la ONU. Por su parte, Jordania anexó Cisjordania, mientras que Egipto ocupó la Franja de Gaza. Finalmente, el Estado árabe previsto por la Resolución nunca llegó a constituirse. El 14 de mayo de 1948, David Ben-Gurion proclamó oficialmente la independencia del Estado de Israel.
Esta guerra tiene como claro origen los tres factores analizados anteriormente: en primer lugar, el acuerdo Sykes-Picot sentó las bases de la desconfianza en relación a las potencias europeas al imponer fronteras artificiales que solo atendían a sus intereses coloniales. En segundo lugar, la Declaración Balfour introdujo un conflicto de intereses, prometiendo dos cuestiones contradictorias en relación a soberanías nacionales sobre el mismo territorio. Finalmente, la Resolución N° 181 de la ONU, si bien intentó resolver el problema mediante una repartición nuevamente ficticia del territorio, terminó por ser la causa gatillo de las hostilidades en la región, careciendo de toda legitimidad al ignorar por completo la autodeterminación de los pueblos que ya habitaban aquellas tierras.
Conclusión
La guerra de 1948 no fue un hecho aislado sino el resultado de tres décadas de política colonial contradictoria. El Acuerdo Sykes-Picot priorizó el reparto imperial sobre la cohesión étnica y social. La Declaración Balfour institucionalizó una disputa de soberanía al respaldar dos proyectos nacionales incompatibles. La Resolución N° 181, aunque buscó una solución de compromiso, fue percibida como una imposición externa que no reflejaba la realidad demográfica ni contaba con la aceptación de todos los actores. Estos tres instrumentos jurídicos y políticos encadenaron una serie de agravios y expectativas frustradas que desembocaron en el conflicto armado. Comprender esta secuencia es fundamental para analizar por qué, setenta y cinco años después, la cuestión sigue sin resolverse: sus raíces no están solo en el presente, sino en promesas y mapas trazados en escritorios europeos a miles de kilómetros de distancia.
Bibliografía
- BBC News Mundo. (2017, noviembre 1). La Declaración Balfour: por qué sigue siendo tan polémica 100 años después. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-41824831
- Diario Público. (s. f.). Catorce puntos del presidente Wilson (1918). https://www.dipublico.org/3669/catorce-puntos-del-presidente-wilson-1918/
- Instituto de Relaciones Internacionales (IRI). (s. f.). Documentos: Orden internacional y política mundial. https://www.iri.edu.ar/publicaciones_iri/anuario/A94/A1ORDOC3.html
- Loevy, K. (2016). Part 2 [PDF]. New York University School of Law. - https://www.law.nyu.edu/sites/default/files/upload_documents/Loevy%20 %20Part%202_10-19-16.pdf
- My Jewish Learning. (s. f.). Theodor Herzl. https://www.myjewishlearning.com/article/theodor-herzl/
- Universidad Nacional de La Matanza. (s. f.). [Artículo de la revista Humanidades]. https://rihumso.unlam.edu.ar/index.php/humanidades/article/view/149/263#toc
Etiquetas:geopolítica · diplomacia
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