Mujeres, modernización y estado en Egipto tras la Revolución de 1952
El activismo femenino egipcio avanzó bajo un feminismo impulsado desde el propio Estado tras la Revolución de 1952, una alianza cargada de contradicciones. Los avances legales no siempre se tradujeron en autonomía real.
Foto: archivo editorial
Este ensayo analiza brevemente la trayectoria del activismo femenino en Egipto,
integrando las visiones de las fuentes sobre su evolución histórica, los marcos legales, el impacto de las revueltas en el siglo XX y los desafíos estructurales persistentes.
Raíces Históricas
Se reconoce a Egipto como un país pionero en la articulación del movimiento feminista árabe (Piazza, 2004), aunque la participación real de las mujeres en la vida política y social se ha visto mermada por las crisis cíclicas y un sistema de patriarcado que ha marcado su relación de resistencia o sumisión (Luna, 2021).
En este sistema, basado principalmente en familias extensas dominadas por hombres, convive con lo que se denomina un “pacto patriarcal” (Luna, 2021) en dónde tanto las mujeres como los hombres negocian constantemente las reglas que deben seguir de acuerdo a su género.
Las mujeres egipcias han demostrado, a pesar de la prevalencia del sistema patriarcal, su capacidad de agencia histórica, social y política a través de movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales, asociaciones voluntarias, partidos políticos, sindicatos e instituciones regularizados por las leyes. Dichos mecanismos han sido usados para el reconocimiento de los cambios exigidos.
El activismo femenino no empezó en el siglo XXI. Sus raíces se establecieron durante la ocupación de Gran Bretaña y la posterior lucha anticolonial de Egipto. El punto de inflexión para las mujeres y los movimientos comenzaron con el otorgamiento del acceso a la educación a
finales del siglo XIX. Para el año de 1873 se abrió la primera escuela estatal primaria para niñas, un hito que permitió a las futuras activistas ocupar espacios públicos anteriormente exclusivos para hombres.
Otro aspecto que jugó un rol importante fue la prensa femenina. En 1892, Hindi Naufal fundió _Al Fatah_ (La Mujer Joven), cuya primera publicación se dedicó a discutir la posición de la mujer en la sociedad.
Es importante recalcar la presencia de intelectuales como Qasim Amin con su obra “La liberación de la mujer” (1899) en dónde vinculó el progreso nacional con la emancipación femenina, abogando por la abolición del velo y la reforma en las leyes de divorcio.
Sin embargo, autoras critican la problemática escondida detrás de la supuesta relación del atraso de Egipto con el tema de la mujer. Señalan que propagar la idea de que las mujeres egipcias eran víctimas de sus propias sociedades sólo servían para esparcir el ideal de que los egipcios eran incapaces de gobernarse a sí mismos.
Huda Sharawi organizó en 1919 la primera gran manifestación femenina en contra del control británico, reuniendo a más de 500 mujeres. Para el año de 1923, momento en que se estableció la Constitución y viendo que no garantizaba sus derechos, Sharawi fundió la Unión Feminista Egipcia (UFE) en el mismo año. Exigió mayores oportunidades para las mujeres, reformas en leyes matrimoniales, mejores servicios de salud para mujeres y niños y acceso a la educación superior. Apoyó la causa de la independencia egipcia.
El acto simbólico de Sharawi y de Saiza Nabarawi de quitarse el velo públicamente en 1923 marcó el fin simbólico de la reclusión femenina para la clase alta.
Revolución de 1952
En Egipto en el año de 1952 se produjo la revolución liderada por los Oficiales Libres y encabezada por Gamal Abdel Nasser. Marcó un punto de inflexión y radical en la estructura social y política del país de manera permanente.
El golpe a la monarquía y la posterior abolición del sistema real, que declaró la república en 1953, instauró una nueva dinámica definida como “feminismo de Estado” como proyecto del régimen que alinearía el papel de la mujer bajo la tutela gubernamental.
Tras la revolución, el Estado comenzó a absorber los movimientos fundados en décadas pasadas. Nasser caracterizó a su régimen por un compromiso legal e ideológico con los derechos de las mujeres, utilizándolos como una herramienta de modernización e industrialización del país.
A pesar de la aparente apertura, el Estado realmente buscaba la modernización sin tener que romper con la vieja estructura social patriarcal. Un ejemplo claro es cuando en 1956, Nasser aprobó el sufragio femenino. En apariencia, la victoria dentro de este ámbito demostraba el interés en defender la causa de las mujeres, pero en la práctica esto no implicó permitirles ocupar puestos a nivel gubernamental.
Esta contradicción es fundamental para entender los sucesos posteriores a la Revolución de 1952: mientras que a las mujeres se les otorgó derechos formales, los movimientos autónomos (como la UFE) fueron parcialmente silenciados.
El hito del sufragio femenino y la lucha de Duriya Shafik
Uno de los logros más significativos de este período para las mujeres egipcias fue la obtención del derecho al voto en 1956, incluido dentro de la nueva Constitución republicana.
La obtención de este derecho no parte de una simple concesión del régimen, sino del resultado de la presión constante ejercida por activistas como Duriya Shafik y su organización, _Ittihad Bint-al Nil_ (La Hija del Nilo). En 1951, Shafik organizó una marcha al Parlamento con el objetivo de dejar en clara su postura: la representación de las mujeres en el Parlamento era esencial. Para 1954, sus demandas no habían sido respondidas, por lo que mantuvo una huelga de hambre que finalmente logró la inclusión del sufragio femenino.
Las elecciones de 1957 se caracterizaron por ser las primeras en que las mujeres participaron de forma activa. Resultó en la elección de las primeras mujeres árabes para ocupar espacios en el Parlamento. Sin embargo, aunado a este triunfo vino la represión sistemática del activismo independiente.
Como se mencionó, el gobierno de Nasser cerró organizaciones como la UFE, y les permitió reconstruirse como entidades de servicio social bajo el nombre de “Huda Shaarawi.” (Piazza, 2004).
Duriya Shafik fue puesta bajo arresto domiciliario en 1957 y su organización fue clausurada tras protestar contra la ocupación israelí de Egipto y su descontento hacia la “dictadura” de Nasser.
Educación y trabajo: pilares de la modernización nasserista
La Revolución impulsó el reclamo de las mujeres por un acceso a la vida pública, a formar parte activa de la sociedad. Para alcanzar dichos derechos, las mujeres precisaban de educación y derecho al trabajo en los sectores en los que ellas eligieran especializarse.
A finales del siglo XIX se permitió el acceso a la mujer a la educación. Para el siglo XX, dentro de las políticas nacionalistas y modernizadoras de Nasser, fue fundamental garantizar la
universalización de la educación para que las mujeres tuvieran acceso a todos los niveles de enseñanza.
En 1961, gracias a un programa de modernización, las mujeres tuvieron acceso a la Universidad de Al-Azhar, uno de los centros más prestigiosos del saber religioso sunní.
En el ámbito laboral, el régimen de Nasser fue visto como un gran impulsor. En 1963 se aprobaron leyes que defendían la igualdad de sueldo por el mismo trabajo y la igualdad de promoción para ambos sexos. No obstante, estas oportunidades de trabajo se adaptaban a la realidad doméstica y patriarcal; el Estado garantizaba la concesión de dichos derechos, pero siempre asumiendo que la familia era el interés primordial de la mujer, y que ellas debían colaborar en la preservación de las tradiciones nacionales (Piazza, 2004, p.168) insistiendo en que debían ser “buenas madres y esposas”.
Impacto social y paradojas del régimen
El discurso de Nasser fue muy influyente y muchas mujeres se identificaron con su retórica antiimperialista y nacionalista. Nasser incluía sus demandas para ganar apoyo popular, pero lo hacía sin cuestionar el sistema patriarcal subyacente.
El régimen no buscaba una reivindicación ni mirarse a sí misma para entender cómo tratar las demandas de la población femenina por una sociedad en dónde se reconociese sus derechos ni tampoco desligarse del discurso colonialista reflejado en la cuestión del uso del velo.
A pesar de los avances educativos, las tasas de analfabetismo femenino continuaron siendo desalentadoras durante mucho tiempo, bajando apenas de un 94% en 1937 a un 83% en 1960 (Luna, 2021). Además, la mutilación genital femenina continuó siendo una práctica
transversal y arraigada en la sociedad, reflejando la enorme brecha de género que el Estado no
priorizó en combatir dentro de sus propias estructuras.
Conclusiones
La Revolución de 1952 trajo consigo cambios en la vida de las mujeres egipcias al
integrarlas masivamente en el sistema educativo y laboral al otorgarles finalmente el derecho al sufragio. No obstante, este progreso vino acompañado con la represión del activismo independiente.
Las mujeres egipcias en el marco de la revolución no fueron sujetos pasivos, sino que lucharon activamente por sus derechos antes, durante y después del golpe militar. Los avances
logrados son el resultado de décadas de movilización y de toma de conciencia de las mujeres egipcias.
Sin embargo, las causas profundas de la violencia y discriminación no han sido
combatidas en su totalidad. Aún queda un largo y pedregoso camino que recorrer para el reconocimiento de la autonomía de la mujer egipcia.
Bibliografía
Piazza, B. A. (2004). PARTICIPACIÓN POLÍTICA Y SOCIAL DE LA MUJER
EGIPCIA. _Feminismos_ , 161–174.
Luna, A. G. (2021). _LAS MUJERES EGIPCIAS EN EL MARCO DE LAS REVUELTAS POPULARES ÁRABES_ (F. de C. P. y. S. de la UNAM, Ed.).
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