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Elecciones y Sistemas Políticos

El sistema político híbrido de Irán: relaciones de poder entre instituciones religiosas y republicanas

En Irán, la autoridad clerical del velayat-e faqih se impone sobre las instituciones electas y limita el margen real de la democracia. El sistema combina elecciones populares con un poder religioso que las supervisa.

Por Bertha Valdiviezo La Madrid, Richard Olivera Mendoza y Alexandra Portella Aldea·1 de agosto de 2026
El sistema político híbrido de Irán: relaciones de poder entre instituciones religiosas y republicanas

Foto: archivo editorial

Introducción

En la actualidad, el sistema político como tal se puede comprender como una estructura que busca lo mejor del país, dentro del alcance que se pueda obtener, este sistema puede considerarse en norma como laico o busca que la influencia religiosa no exceda de una manera que afecte los valores o las normas de un estado a todos los pobladores sin interceder en el credo individual, sin embargo, vamos a analizar una figura de gobierno que resulta tan compleja y difícil de clasificar como el caso de Irán. A diferencia de las democracias tradicionales o de los regímenes autoritarios, este país presenta una estructura híbrida en la que conviven instituciones republicanas y autoridades religiosas. Esta combinación da lugar a lo que se conoce como una “república islámica”, un modelo que mezcla instituciones electas con estructuras religiosas. Desde la Revolución Islámica de 1979, el país adoptó un sistema político único basado en el principio del Velayat-e faqih, que otorga al líder religioso la autoridad suprema sobre el Estado. No obstante, este diseño ha generado un equilibrio particular: por un lado, permite la participación ciudadana mediante las elecciones; por otro, establece mecanismos de control que limitan esa participación. En este sistema, autoridades como el Líder Supremo y organismos como el Consejo de Guardianes ejercen una influencia decisiva sobre las instituciones electas. A partir de ello, surge la siguiente pregunta: ¿Cómo se distribuye realmente el poder entre las instituciones religiosas y las republicanas en Irán? y, si en la práctica esto resulta favorable para la población como en sus relaciones multilaterales internacionales, por ello, este ensayo tiene como objetivo analizar cómo funciona este sistema político híbrido, centrándose en las relaciones de poder entre las instituciones religiosas y republicanas.

Desarrollo

1. Marco teórico e ideológico

La “república islámica” es una combinación de elementos de gobierno republicano (participación popular) con principios religiosos. Esto significa que el poder político no sólo se legitima por el voto del pueblo, sino también por su conformidad con la ley islámica (sharía) y la autoridad religiosa (З.Г., Д., & Б.Ш., Б., 2020). De este modo, la estructura política iraní no separa religión y política, sino que las fusiona en una estructura donde el clero desempeña un papel dominante. En el islam chiita, los líderes legítimos eran los imanes, considerados descendientes de Alí, siendo el último el imán al-Mahdi, quien se ocultó y cuyo regreso se espera. Durante su ausencia, los juristas religiosos (faqih) sólo cumplían funciones limitadas, centradas en la guía espiritual y la interpretación de la ley islámica, sin ejercer poder político. Sin embargo, en el siglo XX, Ruhollah Khomeini reformuló esta idea al sostener que los juristas debían gobernar en ausencia del imán. Posteriormente, tras la Revolución Islámica de 1979, llevó a establecer el concepto Velayat-e faqih, que se convirtió en la base del sistema político (Azari & Osredkar, 2022). A partir de ello, se entiende que hubo un cambio importante, pasando de una función principalmente religiosa a una con poder político directo.

La expresión Velayat-e faqih puede traducirse como la “tutela o autoridad del jurista islámico”. En primer lugar, para entenderla, es necesario analizar sus palabras. Vela yat significa autoridad, tutela, gobierno o incluso una relación cercana como “unidad” o “protección”. Por ejemplo, en la historia de Irán, también se usaba para referirse a provincias gobernadas por un representante del rey (el Vali). En segundo lugar, faquih es un experto en la ley islámica (sharía), alguien con la capacidad de interpretar las leyes religiosas (Azari & Osredkar, 2022). De esta manera, la expresión completa se refiere al poder de un jurista religioso para gobernar o supervisar la sociedad. En ese contexto, el sistema político de Irán se organiza en instituciones electas y no electas, pero el poder real se concentra en estas últimas, especialmente en la figura del Líder Supremo, quien controla áreas como las fuerzas armadas, la política exterior y el sistema judicial, además de influir en organismos como el Consejo de Guardianes, encargado de aprobar candidatos y validar leyes. Aunque existen cargos elegidos por voto popular, como el presidente y el parlamento, sus funciones están limitadas porque sus decisiones deben ser supervisadas por instituciones religiosas (Yue, 2015). En ese sentido, aunque existen elecciones, estas no son plenamente libres ni competitivas debido al control sobre los candidatos, y los partidos políticos tienen un rol muy limitado, lo que reduce la participación efectiva de la ciudadanía y refuerza el poder de la estructura religiosa sobre la política.

Por otro lado, en el aspecto económico, se plantea que Dios es el dueño de todo, pero las personas pueden tener propiedad privada bajo ciertas condiciones, coexistiendo con la propiedad estatal y con impuestos religiosos destinados al bienestar social, como el khums y el zakat. Esto ha permitido mantener cierta estabilidad, ya que se pueden controlar o frenar reformas, como ocurrió en las protestas de 1999 y 2009. Sin embargo, con el tiempo especialmente en las recientes protestas de 2017-2020 y 2022, se puede evidenciar una creciente tensión social, donde la religión ha dejado de ser un elemento unificador y se ha convertido en una parte del conflicto.

Frente a ello, pensadores como Banisadr y Yazdi proponen visiones orientadas a la justicia social, defendiendo una sociedad sin concentración de poder y más igualitaria (З.Г., Д., & Б.Ш., Б., 2020). Por lo tanto, el sistema iraní es una combinación entre religión y política en una misma estructura, lo que le proporciona equilibrio pero también concentra el poder en el clero. Esto genera fricciones con la democracia y ha influido en otros países de mayoría musulmana.

2. Arquitectura institucional: el "primer filtro"

La arquitectura institucional de la República Islámica de Irán refleja su carácter de sistema político híbrido, en el que coexisten instituciones republicanas con mecanismos de control de origen religioso. No obstante, esta coexistencia no es, ni de cerca, equilibrada: las

instituciones religiosas establecen un “primer filtro” que condiciona el funcionamiento de las instancias electas, asegurando la primacía del orden ideológico del régimen.

Este filtro se articula principalmente a través del Líder Supremo y el Consejo de Guardianes. El Líder Supremo, basado en el principio del “velayat-e faqih”, ocupa la posición más alta del sistema político, con autoridad sobre áreas estratégicas como las fuerzas armadas y la política exterior. Su rol trasciende la lógica republicana, ya que no deriva de la competencia electoral directa, sino de un marco religioso que legitima su supremacía institucional (Yue, 2015).

Por su parte, el Consejo de Guardianes cumple una función clave en la operacionalización de este filtro. Este órgano no solo revisa la constitucionalidad de las leyes aprobadas por el parlamento, sino que también supervisa los procesos electorales, incluyendo la aprobación de candidaturas. De este modo, limita la competencia política al excluir actores que no se ajustan a los principios del sistema, restringiendo el pluralismo antes incluso de que se exprese en las urnas (Abdolmohammadi, 2015).

Asimismo, la Asamblea de Expertos, encargada de designar al Líder Supremo, refuerza este circuito de control y autopreservación. Aunque es formalmente electa, su composición también está condicionada por el Consejo de Guardianes, lo cual limita la autonomía efectiva del proceso. Por tanto, se configura una estructura en la que los órganos religiosos se supervisan entre sí, consolidando la estabilidad del régimen.

En cuanto a las instituciones republicanas, como la presidencia y el parlamento, estas funcionan dentro de los márgenes definidos por este sistema de control. El presidente es elegido por voto popular y el parlamento tiene capacidad legislativa; además, sus decisiones están sujetas a revisión y posible veto. En este sentido, la dimensión democrática del sistema no desaparece, pero se encuentra estructuralmente limitada o reducida.

Este modelo se alinea con la categoría de teocracia electoral, la cual consiste en que existen mecanismos formales de participación, sobre todo electoral, pero están bajo condiciones previamente reguladas por instancias no electas (Ali et al., 2024). En consecuencia, el “primer filtro”, en realidad, es un principio organizador del sistema político iraní, que garantiza estructuralmente la subordinación de lo republicano a lo religioso.

3. Aplicación práctica: las relaciones de poder en acción

3.1. Centralización efectiva del poder y jerarquía decisional

En la política iraní, la distribución de competencias no refleja la estructura efectiva del poder. Más allá del diseño institucional, se observa una centralización decisional en torno a lo dispuesto por el líder supremo de Irán, cuya capacidad de intervención trasciende los límites normativos, como ilustración de ello, las reformas constitucionales de 1989 reforzaron la autoridad del rahbar. En particular, la modificación del artículo 110, que regula sus funciones

y atribuciones, estableció que los tres poderes del Estado —legislativo, ejecutivo y judicial— quedaran bajo la supervisión de la “tutela absoluta del jurista islámico” (velāyat-e motlaqe-ye faqih) (art. 57). Asimismo, se eliminó la posibilidad de reemplazar al líder único por un Consejo de Liderazgo (Šurā-ye Rahbari), consolidando así el carácter estrictamente unipersonal de este cargo (Mauriello, 2019, p. 500). Esta centralidad no implica necesariamente una intervención constante en todos los asuntos, sino más bien la facultad de delimitar el campo de lo políticamente posible para que el régimen se mantenga desde adentro, y, es adecuado mencionar, la persecución de opositores políticos, estableciendo condicionantes en el accionar de los actores electos como de la población que se encuentro en desacuerdo con la actual figura de gobierno, ejemplo de ello es el . De este modo, el proceso de toma de decisiones se evidencia de manera jerárquica, en la cual las instancias inferiores operan con limitaciones de autonomía y siempre subordinados a criterios designados por el líder supremo, que no requieren manifestarse de forma explícita, sino coyuntural, podemos concluir que el sistema que más influencia y poder tiene en práctica funciona principalmente como un supervisor que la continuidad de la metodología del régimen y su poder dando una falsa sensación de libertad democrática a los pobladores .

En este contexto, la autoridad no se ejerce mediante órdenes directas, sino a través de lineamientos dispuesto por superiores hacía los actores políticos. Como resultado, esta forma de administración de poder debe entenderse como una capacidad estructural de orientación de las decisiones políticas, que garantiza coherencia en decisiones clave sin necesidad de intervención permanente.

3.2. Dinámicas de conflicto y negociación intra régimen

Lejos de constituir una autocracia, la política iraní se caracteriza por la presencia constante de tensiones internas entre distintos sectores del régimen, por un lado. Estas tensiones no representan una amenaza al sistema, sino que forman parte de su funcionamiento. En particular, las relaciones entre actores electos y élites político-religiosas se estructuran en torno a dinámicas de conflicto y negociación.

Estas interacciones configuran un espacio político en el que el desacuerdo es posible; sin embargo, se encuentra canalizado. Esto en la práctica se resuelve en Los actores que buscan reformas pueden impulsar agendas de cambio, con la premisa de que dichas iniciativas se encuentren dentro del alcance de lo político y religiosamente negociable en torno a las disposiciones y lineamientos del líder supremo. En este sentido, el conflicto intra régimen no conduce a rupturas sistémicas, sino a adaptaciones que permiten la coexistencia de distintas corrientes sin alterar la estructura institucional como ejemplo de ello, tenemos al Consejo de Discernimiento de los Intereses del Sistema (Maŷma-e tašjis-e maṣlaḥat-e nezām) fue creado en 1988 por Jomeini con el propósito de resolver los conflictos persistentes entre la Asamblea Consultiva Islámica y el Consejo de Guardianes, los cuales dificultan el funcionamiento del poder legislativo. A diferencia de este último, encargado de velar por la conformidad de las leyes con la sharia, este órgano tiene como función principal evaluar la conveniencia de las decisiones en función de los intereses del Estado y del sistema. Inicialmente conformado por 12 miembros, en la actualidad cuenta con 36 integrantes, entre permanentes y no permanentes (Mauriello, 2019, p. 505). Asimismo, estas dinámicas contribuyen a dotar al sistema de cierta flexibilidad, al permitir la incorporación limitada de demandas sociales o políticas; sin embargo, dicha flexibilidad se encuentra siempre condicionada a preservar la estabilidad general del régimen.

3.3. Mecanismos informales y formales de control político

El funcionamiento del sistema político iraní descansa en una combinación de mecanismos de control, tanto en el plano formal como en el informal. Más que intervenciones aisladas, estos mecanismos configuran la regulación del comportamiento de los actores políticos en todas las etapas de los procesos políticos. En este marco, instancias como el Consejo de Guardianes, actúan como supervisores del sistema, cuyo impacto va más allá de sus atribuciones explícitas, tal como se ve en la descalificación de candidatos políticos.

En términos prácticos, el control político se ejerce de manera preventiva y correctiva.

  • Preventiva: Mediante la delimitación del acceso al campo político
  • Correctiva: Mediante la posibilidad de revertir o bloquear decisiones que se desvíen de los lineamientos aceptables

A esto se suman mecanismos informales, como redes de influencia, alianzas estratégicas y coordinaciones, que refuerzan el control sin recurrir constantemente a formalidades.

Estas acciones reducen la incertidumbre política y limitan las decisiones que puedan desafiar el equilibrio existente. En consecuencia, el control político debe entenderse como una condición estructural para el correcto funcionamiento del régimen.

3.4. Consolidación y estabilidad del orden político híbrido

Las dinámicas descritas anteriormente convergen en un resultado fundamental: la consolidación de un orden político que combina elementos de participación electoral con mecanismos efectivos de control, este equilibrio es el producto de un proceso continuo en el que el sistema logra adaptarse a presiones internas y externas sin comprometer su estructura. En este sentido, la estabilidad no se explica por la ausencia de conflicto, sino por la capacidad del régimen para gestionar dichas tensiones La combinación de centralización decisional y negociaciones intra régimen genera un entorno en el que el cambio es posible, pero se encuentra limitado por disposiciones político-religiosas. Esto permite la introducción de variaciones en políticas públicas o en la orientación del gobierno, sin que ello derive en transformaciones profundas del sistema

En última instancia, este conjunto de dinámicas explica la persistencia de la República Islámica de Irán, como un caso particular de régimen híbrido y con capacidad para articular control y participación, conflicto y estabilidad. Esto le ha permitido sostenerse en el tiempo, consolidando un modelo político que, si bien presenta tensiones internas, mantiene una resiliencia estructural frente a escenarios de cambio.

Conclusiones

  1. En síntesis, el modelo de “república islámica” en Irán combina elementos de participación popular con un notable control religioso, pero en la práctica esto genera un desequilibrio, porque, si bien existen elecciones, el poder real está concentrado en autoridades no elegidas, especialmente bajo la doctrina del velayat-e-faquih. Esto limita la democracia, ya que las decisiones no dependen de la ciudadanía, sino de interpretaciones religiosas. Si bien el sistema busca mantener valores morales y cierta justicia social, también ha generado tensiones internas crecientes, evidenciadas en protestas.
  2. El sistema híbrido contempla un mecanismo de absolutismo en práctica, con una esencia de democracia medianamente limitada, sin que la población, aun así lo desee, pueda optar por un modelo de Estado diferente, puesto que el mismo sistema está preparado para este tipo de casos y controlar el estado desde adentro. Por tanto, esta figura se puede interpretar como una limitación y dejando en duda si podemos considerar la figura de libertad de estado en este sistema de gobierno.

Bibliografía

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Etiquetas:geopolítica · democracia

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